Por Ángela Posada-Swafford.

Día 5 – Serranilla, Septiembre 22

 

Serranilla amanece enmarcada en azules y verdes y marfiles. Una isla pequeñaja en la inmensidad de la cuenca el Caribe, que las aves migratorias y tortugas marinas encuentran con lo que uno imagina es un profundo agradecimiento.  Un solitario parchecito de arena, palmas, arbustos y una barrera coralina en mal estado, y que no obstante es disputado por cuatro países.  Al mismo tiempo, es un lugar virgen para la biología y la oceanografía, donde todo está por conocer, clasificar, medir y cuantificar.

Los corales que la rodean podrán estar muriendo, pero aquí hay más tiburones de los que se pensaba. Y una buena cantidad de algas, quizás algunas nuevas para la ciencia.

El cayo rebosa de actividad humana: los infantes de marina que aseguran la soberanía colombiana aprenden de los 23 investigadores cosas sobre la biología de las tortugas, el patrullar de los tiburones y la vida secreta de los gusanos marinos.

Hace mucho calor. La brisa es inexistente.