Por Ángela Posada-Swafford.

Día 3 – Serranilla, a bordo ARC Roncador, Septiembre 20

 

No bien pongo el pie en el bellísimo Roncador sé que estoy en otro mundo. A mi cabeza acuden recuerdos de buques oceanográficos boutique de príncipes árabes o magnates con alma de filántropos, que los ponen al servicio de la ciencia.

El Roncador, de casi 46 metros de eslora y 10 y medio de manga, tiene pasillos anchos de madera de teca en listones de dos tonos y la rosa de los vientos en el piso. Sus áreas comunes no tienen paredes sino vidrios con remates de acero bruñido, y más recuerdan una elegante oficina decorada en tonos crema y café oscuro.

Aquí todo es ancho, todo es cómodo, todo es amable y todavía huele a nuevo. El magnífico buque, hecho en Vigo, España, no lleva ni un año en servicio. Sus capacidades oceanográficas incluyen grúas laterales para bajar rosetas y otros instrumentos; un gran portón de popa para poner boyas, o tirar redes; y bajo la quilla, una góndola de vidrio llena de ecosondas para dibujar el suelo marino.

He aquí una joya para quienes estudian o piensan estudiar oceanografía en Colombia. Los 18 tripulantes de este “buque hidrográfico multipropósito” me reciben con linda familiaridad, y no tengo vergüenza alguna en pedirle al Capitán de Fragata Jorge Uricoechea, comandante del buque, y amante de las tortugas marinas, que me invite a pasar una noche a bordo.