Por Angela Posada S.

Día 1-San Andrés a Serranilla

Aun es de noche cuando los 23 expedicionarios vamos llegando desgranados a la base Naval de la Armada en el Cove, del otro lado de la isla opuesto al turisteadero de Johnny Cay. Huele a tierra mojada y hierba fresca mientras el labrador dorado y el pastor belga olisquean nuestro equipaje, y los viajeros nos vamos conociendo y reconociendo.

Amanece gris y calmado, abordamos la lancha del Guardacostas en medio de una montaña de equipaje, bultos y cajas de gaseosas.  Siento un cosquilleo de emoción: el familiar perfil del ARC 20 de Julio fondeado en la rada me recibe como en los viejos tiempos. Tras dos viajes antárticos, realmente me parece mentira tener la dicha de volver a abordar este buque que en dos expediciones pasadas aprendí a querer de forma tan genuina.

En la cubierta de popa reencuentro a los tripulantes, mis viejos amigos del frío, incluyendo a las tenientes Wendy González y Ángela Becerra. Abrazos, risas, acompañar el zarpe desde el puente de gobierno, conversar con el Comandante Joaquín Urrego de su próximo primer crucero antártico.

Me siento en mi casa.